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lunes, 7 de septiembre de 2015

A HACER DIETA! Ser obeso a los 50 años podría acelerar el Alzheimer, según estudio


 obesidad 

Un nuevo estudio arrojó que el peso de las personas en la mediana edad pudiera influir, no sólo en padecer el mal de Alzheimer, sino también cuándo.
Desde hace tiempo se ha sospechado que la obesidad en la mediana edad aumenta el riesgo de sufrir el mal de Alzheimer.
Científicos en los Institutos Nacionales de Salud en Estados Unidos volvieron a examinar el asunto detenidamente y reportaron el martes que ser obeso a los 50 años pudiera afectar, años más tarde, en que comience el Alhzeimer.
Entre quienes se enfermaron, tenían más kilos en la mediana edad y significó un inicio más temprano del padecimiento.
Se requerirán estudios de mayor tamaño para demostrar el reverso de la moneda, que mantener un buen peso durante la mediana edad pudiera demorar el comienzo del Alzheimer. Pero, muy probablemente no le hará daño mantenerse esbelto.
“Conservar un índice de masa corporal (IMC) saludable en la mediana edad probablemente tiene efectos protectores duraderos”, dijo el doctor Madhav Thambisetty, del Instituto Nacional de la Vejez, que encabezó el estudio reportado por la revista Molecular Psychiatry.
Unas 5 millones de personas en Estados Unidos padecen el mal de Alzheimer, y se espera que la cifra crezca al doble para el 2050, a menos que haya un gran avance médico, a medida que la población envejece.
El Alzheimer comienza a destruir el cerebro lentamente más de una década antes de que surjan los síntomas. En ausencia de una cura, los estudiosos buscan formas de cuando menos retrasar el inicio de la enfermedad, y entre las opciones están cambios en el estilo de vida.
Para explorar los efectos de la obesidad, el equipo de Thambisetty recurrió al Estudio Longitudinal del Envejecimiento en Baltimore, uno de los proyectos más largos en rastrear lo que le sucede a personas saludables a medida en que envejecen.
Examinaron los historiales de casi 1.400 participantes que se habían sometido a exámenes cognitivos regulares cada uno o dos años por un período de 14 años. A la larga, 142 de esas personas se enfermaron de Alzheimer.
Los científicos revisaron cuánto pesaban esos pacientes cuando tenían 50 años y aún eran cognitivamente saludables.
Revisaron el IMC, que mide la proporción entre peso y estatura. Cada paso de ascensión en la tabla de índice de masa corporal pronosticó que, cuando el Alzheimer afloró al fin, lo hizo seis meses y medio antes.
El umbral para peso excesivo es un ICM de 25.
El estudio de Alzheimer no examinó si el IMC de los pacientes fluctuó antes o después de los 50 años.
No hay forma de saber si perder kilos después de esa edad marcó una diferencia en el riesgo de sufrir esta enfermedad, aunque mantener un peso saludable es algo recomendado por muchas otras razones.
Algunos de los participantes en el estudio de Baltimore se sometieron a escaneos del cerebro durante su vida y a autopsias tras el fallecimiento.
Esos exámenes mostraron que las personas con IMC más altos tuvieron también años más tarde las características de obstrucción cerebral típicas del Alzheimer, incluso si no desarrollaron la enfermedad.
El estudio es el más reciente de una serie que ha vinculado la obesidad en mediana edad con el riesgo de padecer este mal, pero es el primero en mostrar esos cambios cerebrales, dijo Heather Snyder, de la Asociación del Mal de Alzheimer, que no estuvo involucrada en el estudio.
Mientras tanto, desde hace tiempo ese grupo ha recomendado mantener un peso adecuado: “Lo que es bueno para tu corazón es bueno para tu cerebro”, recalcó Snyder.

viernes, 19 de junio de 2015

La Obesidad Una De Las Principales Causas Del Mal De Alzheimer


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Como las tasas de obesidad siguen aumentando en todos los grupos de edad y etnias en todo el mundo, ahora estamos empezando a ver un aumento de enfermedades crónicas como consecuencia directa de la actual epidemia de obesidad.
Los estudios han demostrado que el aumento de marcadores de salud típicamente asociados con la obesidad (circunferencia de la cintura, la grasa abdominal, presión arterial alta y colesterol) ahora están directamente relacionados con el desarrollo de la demencia y la enfermedad del Alzheimer a medida que envejecemos.

Los científicos han señalado desde hace tiempo que el riesgo de enfermedad cardiovascular, accidente cerebrovascular, diabetes y demencia senil, van al parejo con el aumento de las tasas de obesidad, lo que significa que la obesidad es una de las principales causas del Alzheimer.
Ahora, los nuevos informes sugieren que el declive relacionado con la edad en la función mental y el Alzheimer también pueden estar relacionados con la obesidad.
[info]La obesidad en la mediana edad es un factor de riesgo para padecer demencia y las proyecciones sugieren que el aumento de la obesidad en el Reino Unido podría contribuir a los crecientes niveles de demencia en las próximas décadas. Esto ya tiene un enorme impacto en las personas, familias y las comunidades y es preocupante ver que esto podría ser aún mayor de lo previsto anteriormente.[/info]
Como resultado, lo que solía ser considerado como deterioro mental normal, relacionado con la edad, puede ser simplemente un efecto secundario del aumento de peso y la obesidad en la mediana edad.
Aunque todavía no está claro exactamente cómo la obesidad afecta al cerebro, una teoría sugiere que las proteínas liberadas por los tejidos grasos pueden viajar a través de la barrera sangre-cerebro y dañar las células cerebrales susceptibles. Algunos incluso han comenzado a etiquetar este efecto como la diabetes tipo 3, sin embargo, todavía hay que hacer más investigación al respecto.
Afortunadamente, hay pasos que se pueden tomar para controlar la obesidad y mejorar la función mental a medida que envejecemos.
En los últimos años, ha habido una serie de estudios que han demostrado los efectos positivos de la dieta y el control del peso en la enfermedad del Alzheimer y la demencia.
Hay pruebas de que la adopción de una dieta de estilo mediterráneo que consiste principalmente en verduras, frutas, frutos secos y carnes magras como el pescado, puede reducir la incidencia de la demencia senil y el Alzheimer hasta en un 60%.
Ten en cuenta que sólo la pérdida de peso no es necesariamente la solución. La adopción de un estilo de vida saludable, como la dieta y el ejercicio son la clave para la pérdida de peso saludable y potencialmente revertir enfermedades crónicas como el alzheimer.
El hecho es que cuando se trata de la obesidad, nunca hay un mejor momento para empezar a perder peso y recuperar la salud, se está volviendo cada vez más claro que los factores de estilo de vida donde se promueven y construyen la salud, tienen un efecto de gran alcance en nuestros últimos años.




lunes, 13 de abril de 2015

Investigación sugiere que la obesidad protege del Alzheimer


La obesidad, ¿aumenta o reduce el riesgo de Alzheimer? Un estudio publicado el viernes asegura que las personas delgadas tienen más riesgo de desarrollar demencias que las que tienen un peso normal o son obesas, lo contrario de lo que se decía hasta ahora. 

La delgadez se define por un índice de masa corporal (IMC) inferior a 20 kg/m2, mientras que el sobrepeso empieza en 25 y la obesidad en 30. El peso normal se sitúa en una horquilla de 20 a 25. En el pasado, varios estudios han establecido un vínculo entre el sobrepeso y las demencias (entre ellas el Alzheimer) que afectan a cerca de 50 millones de personas en el mundo, en su mayoría personas mayores.
Pero en este estudio publicado por la revista médica The Lancet Diabetes and Endocrinology, investigadores británicos demuestran, por el contrario, que las personas de 40 a 55 años delgadas tienen un 34% más de riesgo de desarrollar demencias más adelante, si se las compara con las que tienen un peso normal.
Más sorprendente todavía es que las personas con obesidad mórbida (IMC superior a 40) tienen un 29% menos de riesgo de presentar demencia que las de peso normal.
El estudio se basa en los informes médicos de cerca de dos millones de británicos de edad media (alrededor de 55 años cuando se inició el estudio) y un IMC medio de 26. Han estado seguidos durante un periodo de hasta una veintena de años en el que se diagnosticó demencia a 45.507.
Si se comparan los datos y se ajustan los resultados para tener en cuenta otros factores de riesgo de demencia (como el alcohol o el tabaco), los investigadores han podido establecer un vínculo entre el aumento del IMC y la reducción progresiva regular del riesgo de demencia, incluido en las personas obesas o con sobrepeso.
El doctor Nawab Qizilbash, el epidemiólogo que ha coordinado el estudio, reconoce que es incapaz actualmente de explicar los resultados. “Numerosos factores como el régimen alimentario, la actividad física, la fragilidad, los factores genéticos o las modificaciones de peso relacionadas con otras patologías podrían influir”, asegura.
Por todas estas razones, no se trata en absoluto de aconsejar a los flacos que engorden. En cuanto a los obesos, incluso si existen efectos protectores con relación a la demencia, podrían “no vivir suficiente tiempo para beneficiarse” ya que, recuerda, tienen más riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares o desarrollar algunos cánceres.

En un comentario adjunto al estudio, la neuróloga estadounidense Deborah Gustafson reconoce que los estudios existentes son “ambiguos” y que el estudio británico seguro que no constituye “la palabra final sobre este polémico asunto”.
La cafeína también protege
Además, recientes estudios señalaron que el café podría ayudar a prevenir el mal de Alzheimer, principal causa de demencia según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Científicos alemanes y franceses del Inserm (Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia) comprobaron en ratones que el consumo de cafeína inhibe el crecimiento de las proteína tau, cuya acumulación en las células cerebrales se ha asociado con la enfermedad de Alzheimer.
Según la OMS, entre el 60% y el 70% de los casos de demencia, un síndrome que afecta a las capacidades cognitivas del paciente, estarían provocados por la enfermedad de Alzheimer.
Unos 47,5 millones de personas en el mundo padecen demencia según la OMS, el 58% de las cuales vive en países de ingresos bajos y medios