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miércoles, 1 de junio de 2016

¿Por qué los enfermos de alzhéimer dejan de reconocer a sus familiares?


 


Todo comienza con olvidar dónde están las llaves o quién llamó al teléfono. Después, la orientación y los recuerdos se ven afectados, para terminar con la dependencia total de otra persona para realizar actividades comunes, como comer o asearse. El alzhéimer es una alteración neurodegenerativa generalmente conocida por los problemas asociados a la pérdida de memoria a corto y largo plazo. Las personas que la sufren no son capaces de recordar ninguna de sus experiencias a lo largo de su vida y dejan de reconocer a sus seres queridos, lo que dificulta las relaciones con sus familiares.
Un estudio reciente ha demostrado que la pérdida de memoria y la capacidad de percepción visual de las caras no solo se manifiestan en la fase severa de la enfermedad, sino que ya se observan algunos síntomas en su etapa temprana. Esto explicaría por qué estas personas dejan de reconocer a sus hijos, parejas o amigos. En esta investigación de la Universidad de Montreal, Canadá, se comparan los resultados de 25 afectados y los de 23 ancianos sin ningún tipo de problema neuronal. Los participantes fueron sometidos al Test de Reconocimiento Facial de Benton (BFRT, por sus siglas en inglés), unas pruebas utilizadas por neurólogos y neuropsicólogos para determinar las habilidades de reconocimiento facial. El procedimiento es simple: se presentan una serie de rostros y objetos comunes, en este caso, coches en diferentes posiciones y el sujeto debe señalar qué imágenes son iguales.
Los resultados revelaron que las personas con alzhéimer procesan de forma menos eficaz las caras en posición normal que los rostros invertidos y los coches. "El reconocimiento de rostros invertidos depende de técnicas de estrategia local (observar los ojos, la nariz y la boca de forma individual), mientras que nosotros pensamos que cuando procesamos caras en posición normal, las múltiples partes de un rostro se perciben integradas, como representaciones holísticas de las caras y es en este último punto donde se ha encontrado menos eficiencia en personas con alzhéimer", afirma el investigador principal del proyecto Sven Joubert.
Una posible explicación que ofrece el estudio para las dificultades que presentan los enfermos es que existen regiones específicamente asociadas con la percepción facial que pueden verse afectadas durante el curso de la enfermedad. Varios análisis del volumen de materia gris del cerebro han detectado que las personas que sufren alzhéimer suelen tener atrofia del giro fusiforme derecho, encargado de identificar a personas conocidas.

Una enfermedad irreversible

"Tenemos la concepción de que la visión se hace únicamente con los ojos, con lo que se ve, pero esto no es verdad. El cerebro interpreta la información que ven los ojos", afirma Teresa Moreno, directora de Ediciones de la Sociedad Española de Neurología. Explica que el alzhéimer es una degeneración neuronal progresiva, que va afectando a diferentes funciones de forma gradual.
Los síntomas de la enfermedad pueden variar dependiendo de las zonas del cerebro que estén perjudicadas. "Una persona puede reconocer la cara de sus familiares pero no sus voces, o puede no reconocer la voz pero sí su forma de hablar", cuenta Moreno. Esto se debe a que las conexiones neuronales que relacionan unas regiones del cerebro con otras se encuentran dañadas. "La visión es muy compleja, los ojos pueden funcionar correctamente pero si las conexiones neuronales no funcionan bien, la percepción del mundo exterior se distorsiona", dice la neuróloga.
A pesar de que todavía no existe tratamiento o medicación para acabar con el alzhéimer, Teresa Moreno defiende los ejercicios de rehabilitación cognitiva, que tiene como finalidad ralentizar los efectos de la enfermedad. Además, recomienda estimular varias partes del cerebro con actividades simples como hablar mucho con los enfermos, tratarles de forma cariñosa o, incluso, escuchar música con ellos.

Fuente: elpais.com

viernes, 18 de marzo de 2016

"Los enfermos de alzhéimer sienten hasta el final, pero no pueden expresarlo"


Eulàlia Cucurella. 13fotos

 "Hay que hablarles, hacerles partícipes de la conversación, que se sientan importantes siempre, aunque ya no puedan hablar o no reconozcan"
Asegura que, pese a no poder expresarlos, las personas con alzhéimer mantienen sus sentimientos hasta el final de sus días. La presidenta de la Fundación Alzhéimer Catalunya, la gerontóloga Eulàlia Cucurella, aconseja a las familias que nunca pierdan la comunicación con el paciente y que lo involucren en las conversaciones y el día a día del hogar pese a que ya no pueda hablar o no reconozca a sus parientes.
-Una vez diagnosticado, ¿hay que comunicar siempre a los pacientes la enfermedad que padecen?
-Se ha discutido mucho sobre este tema, pero yo creo que sí. Cuando el paciente se encuentra en una fase leve, lo habitual hoy en día, aconsejamos contárselo porque es una manera de ayudarle a planificar su vida en los próximos años. Recuerdo un paciente diagnosticado con 59 años y que me decía "yo tengo suerte porque el médico me dijo que tenía 5 años para planificar lo que quiero hacer". De esta forma les ayudamos a priorizar lo que quieren hacer, ocultarles la enfermedad puede ser peor.
-¿Cómo recibe una persona este diagnóstico?
-Depende de cada uno, pero es difícil de asumir, no estamos preparados para asumir esto. Por eso es importante cómo se le dice el diagnóstico, no puede ser dar la noticia y listo, hay que explicarle lo que tiene y darle recursos: ayuda de un psicólogo, la opción de hacer ejercicios en un centro, etc. Muchas veces el paciente sufre por la carga o el trabajo que va a dar a su familia más que por lo que supondrá para él.
-¿Cuáles son las claves para comunicarse con los enfermos de alzhéimer?
-Varían en función de la fase de la enfermedad, pero en general hay que trabajar la comunicación no verbal. El cariño se demuestra en el tono de la voz, en la forma de mirarle, en los gestos, en tocarle. No hay que infantilizarle, no hay que usar diminutivos...
-¿Se tiende a tratarlos como niños?
-Cada vez menos, pero hace años sí que era así. Nunca se les debe tratar como un niño ya que son personas adultas, generalmente mayores que el cuidador así que cuando el cuidador va, ellos ya vienen de vuelta. No tienen que aprender qué está bien y qué esta mal, ya tienen mucho vivido.
-Pero sí habrá que simplificar los mensajes...
-Sí, está claro que no se les pueden dar órdenes complejas o muchas órdenes en una misma frase, hay que ir por pasos. Por ejemplo no le podemos decir que tiene que salir a la calle y que debe ponerse el abrigo que está en la percha porque hace frío. Iremos por pasos: vamos a salir, después ponte el abrigo, etc. Y sobre todo hay que acompañar todo con gestos. Si le decimos que "vamos a comer" lo haremos con el típico gesto para ayudarle a entender.
-Cuando la enfermedad ya está muy avanzada, ¿cómo debe actuar el cuidador?
-Hay que hablarles, buscar su mirada y hacerles sentir importante siempre, aunque ellos ya no puedan contestar o no reconozcan a la gente. No debemos dejarlos olvidados, si estamos hablando de un tema se les incluye aunque no respondan, podemos ponerlos en el centro de la mesa para que se noten que están en la conversación o simplemente con pequeños gestos como apretarles la mano. Se sabe que aunque no tiene la capacidad para expresar cómo se sienten, estas personas tienen sentimientos hasta el final.
-¿Qué errores cometen los cuidadores familiares?
-Lo que nunca hay que hacer es tratarlos como si fuesen un niño, son adultos. Además, se aconseja tener cuidado de lo que se habla delante de ellos y nunca dejarlos de lado, no tratarlos jamás como si fueran un mueble. Hay que involucrarles siempre en la conversación, el caso es no dejarlos de lado.
-¿Los familiares necesitan formarse para afrontar esta situación?
-Necesitan formación tanto los cuidadores familiares como los profesionales. El objetivo es dar unas pautas generales a la familia para que adopte las que se adecuen a su caso y con esto favorecemos el cuidado de la persona enferma y por tanto su bienestar. Las familias se quedan más tranquilas porque al saber qué pautas hay que seguir se quitan un poco el sentimiento de culpa que, a veces, tienen algunos al tener dudas sobre si lo están haciendo bien o no en el cuidado del enfermo.