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jueves, 1 de septiembre de 2016

La postura en la que duermes afecta a tu cerebro


 


La importancia de la postura al dormir no ha de ser tomada a la ligera. Si bien ya estamos acostumbrados a escuchar que dormir boca abajo es lo menos recomendable porque nuestro cuello permanece girado durante horas para poder respirar, por lo que modificamos la curvatura cervical y somos más susceptibles de padecer cervicalgias, tendinitis, dolores de origen ligamentarios, u otros problemas músculo-esqueléticos, ahora, un nuevo estudio concluye que además es vital para nuestro cerebro.
Así, un equipo de investigadores de la Universidad de Stony Brook en Nueva York (EE.UU.) ha concluido que dormir en posición lateral, en comparación con dormir boca arriba o boca abajo, puede ayudar a eliminar más eficazmente los residuos del cerebro cada día durante el sueño, reduciendo así las posibilidades de desarrollar enfermedades de carácter neurológico como el alzhéimer o el párkinson, reseñó la revista Muy Interesante.
“Es interesante que la posición lateral para dormir es de hecho la más popular en los humanos y en la mayoría de los animales, incluso en los salvajes. Parece que hemos adoptado la posición lateral del sueño para limpiar más eficientemente nuestro cerebro de los desechos metabólicos que se acumulan mientras estamos despiertos”, explica Helene Benveniste, líder del estudio.
Para llegar a esta conclusión, los científicos utilizaron imágenes de resonancia magnética de contraste dinámico para captar el sistema glinfático del cerebro de un grupo de roedores, un complejo proceso que actúa como motor de limpieza de desechos y otras soluciones químicas dañinas del cerebro (como las proteínas tau o beta amiloide). Por ello, tras revisar las posturas más comunes a la hora de dormir y compararlas con la efectividad del funcionamiento del sistema glinfático, descubrieron que la posición lateral, sea del lado que sea, era la que favorecía en mayor medida este proceso diario durante la etapa de reposo nocturno.
“El análisis nos mostró consistentemente que el transporte glinfático fue más eficiente en la posición lateral en comparación con las posiciones supina o prona”, finaliza Benveniste.
El estudio ha sido publicado en la revista Journal of Neuroscience.

lunes, 22 de agosto de 2016

La dieta y el ejercicio pueden reducir las acumulaciones de proteínas relacionadas con el Alzheimer


 

Un estudio realizado por investigadores del Instituto Semel de la UCLA para la Neurociencia y Comportamiento Humano ha encontrado que una dieta saludable, actividad física regular y un índice de masa corporal normal puede reducir la incidencia de la proteína acumulaciones que se asocian con la aparición de la enfermedad de Alzheimer.

En el estudio, 44 ​​adultos de edades comprendidas de 40 a 85 (edad media: 62,6) con modificaciones leves de memoria pero sin demencia fueron sometidos a un tipo experimental de PET para medir el nivel de placa y ovillos en el cerebro. Los investigadores también recolectaron información sobre el índice de masa corporal de los participantes, los niveles de actividad física, dieta y otros factores de estilo de vida. La placa, los depósitos de una proteína tóxica llamada beta-amiloide en los espacios entre las células nerviosas en el cerebro; y enredos, anudan los hilos de la proteína tau se encuentra dentro de las células del cerebro, se consideran los principales indicadores de la enfermedad de Alzheimer.

El estudio encontró que cada uno de los diversos factores de estilo de vida - un índice de masa corporal saludable, la actividad física y una dieta mediterránea - estaban vinculados a los niveles más bajos de placas y ovillos en los escáneres cerebrales. (La dieta mediterránea es rica en frutas, verduras, legumbres, cereales y pescado y baja en carnes y productos lácteos, y que se caracteriza por una alta proporción de monoinsaturados a las grasas saturadas, y de leve a moderado consumo de alcohol.)

"El hecho de que podíamos detectar esta influencia del estilo de vida a nivel molecular antes del comienzo de los problemas graves de memoria nos sorprendió", dijo el Dr. David Merrill, el autor principal del estudio, que aparece en la edición de septiembre de la revista American Journal of Psiquiatría geriátrica.

Estudios anteriores han vinculado un estilo de vida saludable a los retrasos en el inicio de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, el nuevo estudio es el primero en demostrar cómo los factores de estilo de vida influyen directamente en las proteínas anormales en personas con pérdida de memoria sutil que aún no han sido diagnosticados con demencia, dijo Merrill. factores de estilo de vida saludables también se han demostrado estar relacionada a la reducción de encogimiento del cerebro y menores tasas de atrofia en las personas con la enfermedad de Alzheimer.

La edad avanzada es el factor de riesgo no modificables Nº 1 para la enfermedad de Alzheimer, que afecta a un estimado de 5.2 millones de personas en los Estados Unidos y los resultados en más de $ 200 mil millones en costos de salud anuales.

"El estudio refuerza la importancia de vivir una vida saludable para prevenir la enfermedad de Alzheimer, incluso antes del desarrollo de la demencia clínicamente significativo", dijo Merrill. "Este trabajo se presta idea clave no sólo en la capacidad de los pacientes para prevenir la enfermedad de Alzheimer, sino también a los médicos a detectar y estos cambios de imagen."

El siguiente paso en la investigación será combinar imágenes con estudios de intervención de la dieta, el ejercicio y otros factores de estilo de vida modificables, como el estrés y la salud cognitiva, dijo Merrill.

Merrill ve a los pacientes con problemas cognitivos, en particular la pérdida de memoria, de la Clínica de Salud Cognitiva UCLA Psiquiatría y Programa de Investigación.

La investigación fue financiada por los Institutos Nacionales de Salud (MH077650, AT003480, P01-AG024831, AG13308, P50 AG 16570, MH / AG58156, AG10123 y M01-RR00865), el Departamento de Energía (DE-FC03-87-ER60615), la Larry Fundación L. Hillblom, el Fondo de Fran y Ray Stark Fundación para la Investigación de la Enfermedad de Alzheimer, la Fundación Ahmanson, la Fundación Lovelace, la Fundación Nacional de Ciencia, Claude D. Pepper americanos Mayores Centro de la Independencia de la UCLA, financiado por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (5P30AG028748) , la Federación Americana de Investigación del Envejecimiento, la Fundación John A. Hartford y los Centros de Excelencia Programa Nacional, y el / NIH Centro Nacional para el Avance de las Ciencias traslacional UCLA CTSI (UL1TR000124).

lunes, 9 de mayo de 2016

Envejecer de forma sana asociado a una menor susceptibilidad genética a desarrollar Alzhéimer o enfermedad coronaria


Los humanos extienden su tiempo vital décadas después del fin de su edad reproductiva. Imagen: Vinoth Chandar (CC BY 2.0 https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/). 

Durante los últimos años diferentes estudios han tratado de identificar cuáles son las claves moleculares de la longevidad. Para ello, la estrategia habitual ha sido analizar el material hereditario de las personas longevas, especialmente de aquellas que superan los 100 año, a la búsqueda de posibles marcadores o variantes genéticas característicos. Sin embargo, no es lo mismo envejecer que hacerlo en buen estado de salud y pocas son las personas que llegan a cumplir los 80 años sin presentar ninguna condición crónica o haber sido sometidos a una operación quirúrgica destinada a prolongar su vida.
Por esta razón, en 2007, investigadores del Scripps Translational Science Institute iniciaron el Estudio Wellderly  bajo la idea de estudiar el genoma de las personas que habían envejecido de forma saludable proporcionaría información sobre los mecanismos genéticos que otorgan resistencia a las enfermedades comunes o asociadas al envejecimiento. Los primeros resultados del Estudio Wellderly, que acaban de ser publicados en Cell, indican que envejecer de forma sana está asociado a una menor susceptibilidad genética a desarrollar Alzhéimer o enfermedad coronaria.
Los investigadores secuenciaron el genoma completo de 600 personas de entre 80 y 105 años de edad, que no presentaban ninguna enfermedad común como cáncer, diabetes, demencia, condiciones autoinmunes, o habían sufrido ataques al corazón o derrame cerebral y lo compararon con el de 1.507 personas de la población general. Tras filtrar las variantes genéticas identificadas, el equipo encontró que envejecer de forma sana no está asociado a las variantes genéticas relacionadas con la longevidad, pero sí a variantes que confieren susceptibilidad al Alzhéimer (como APOE) o a enfermedad coronaria.

Envejecer de forma sana no está asociado a las variantes genéticas relacionadas con la longevidad, pero sí a variantes que confieren susceptibilidad al Alzhéimer (como APOE) o a enfermedad coronaria. Imagen: Darryl Leja, National Human Genome Research Institute, (https://www.genome.gov).
Además, la característica de envejecimiento sano no demostró asociación con una reducción en la tasa de variantes genéticas raras patogénicas, lo que sugiere a los investigadores que podrían existir factores de resistencia (genéticos o de comportamientos) a las enfermedades que permiten a las personas portadoras envejecer sin desarrollarlas.  En este sentido, un resultado interesante fue la identificación de variantes raras en el gen COL25A1 –que codifica para una proteína que se asocia a las placas amiloides –en  10 personas que habían envejecido en buen estado de salud. Estas variantes, que no se encontraron en los genomas de población general analizados, podrían contribuir a alterar la patogénesis en la enfermedad de Alzhéimer a través de la regulación de las fibrillas de proteína beta amiloide.
El análisis no ha permitido identificar ningún factor genético concreto que contribuya de forma significativa al envejecimiento sano. No obstante, los resultados del trabajo apuntan a que envejecer de forma sana constituye un fenotipo complejo en el que intervienen múltiples genes y sugieren que la protección genética frente al deterioro cognitivo  es un componente del envejecimiento sano.
“Los Wellderly, como los hemos definido, son individuos excepcionales que viven en su novena década y más allá, sin desarrollar una condición médica crónica,” indica Eric Topol, director del Scripps Translational Science Institute, e investigador senior del trabajo. “Nuestros resultados indican que la protección del deterioro cognitivo está asociada, pero no necesariamente existe causa y efecto, con la duración de la salud.” El investigador añade que puesto que la comprensión de la esperanza de salud es muy pobre, es necesario llevar a cabo más estudios con un mayor número de personas procedentes de poblaciones de diferente origen. Por esta razón, el equipo ha hecho públicos los datos obtenidos en el estudio, que estarán disponibles para el resto de la comunidad científica.

Fuente: revistageneticamedica.com